14 de agosto de 2014

CONCURSO MUSEO NACIONAL - LUIS LONGHI

CONCURSO DE IDEAS PARA EL MUSEO NACIONAL DEL PERÚ














El Museo de la Nación recoge la memoria de culturas que se han desarrollado dentro del territorio del Perú como estado moderno. Estas culturas representan diversos grupos humanos que a lo largo del tiempo han aprendido a adaptarse a los diferentes entornos naturales de este territorio y así, han formado una gran diversidad de paisajes culturales. Sin embargo, la nación peruana aún se encuentra en proceso de construcción. Los diversos grupos que la constituyen no conforman una identidad única.

Este proyecto intenta recoger la idea del Perú como una nación en construcción, formada por una diversidad de pueblos con características particulares que comparten un territorio común. 

Es así que el proyecto, enclavado entre el mar, el desierto, el valle y las montañas andinas, hace una venia al Santuario de Pachacámac, complejo arqueológico que ilustra la superposición de una variedad de comunidades humanas que han ocupado este paisaje. Los inicios de esta ocupación datan de casi dos mil años, y continúa en el presente. Intentamos rescatar los procesos de adaptación de aquéllos que habitaron este lugar antes que nosotros, así como de los que lo ocupan espontáneamente en la contemporaneidad.

El Santuario de Pachacámac, centro de culto al Dios precolombino y creador del universo, es un lugar donde comunidades humanas se han ido asentando y lo han adoptado y re-adaptado a sus necesidades. El desarrollo del valle de Lurín, por un lado, compuesto de asentamientos informales que llegan a la zona intangible del complejo arqueológico protegido, y por otro lado, de asentamientos formales, en su mayoría ocupados por grupos con mayores recursos económicos, representa una constante disputa por el espacio. Nuestro Museo de la Nación intenta ser un espacio de diálogo y encuentro entre esta diversidad de comunidades que componen el Perú. 

 





































CONCEPTO

Nuestra intención es recuperar la relación entre el paisaje y la materialidad de la ocupación arquitectónica. Adoptamos el método constructivo usado por estos diversos grupos superpuestos como el símbolo de nuestra nación en construcción: el adobe es la pieza elemental de la arquitectura de este proyecto.

El proyecto toma la metáfora de una excavación arqueológica: diez adobes emergen en el paisaje, como recientemente descubiertos, y ordenados para el inicio de una construcción. Estos edificios de 30m x 60m x 12m - materializados en concreto - albergan el programa del Museo. Estos bloques sólidos, asociados a la diversidad de identidades culturales, se vuelven permeables a través de una textura de entradas de luz. Huellas en el desierto que recuerdan a las plazas ceremoniales, plataformas y rampas de la arquitectura pre-hispánica de Pachacámac, funcionan como espacios públicos y de acceso a estos edificios.

Las diversas escalas de adobe que se usan en la textura de estas edificaciones relacionan el Museo con su contexto, con la textura de los asentamientos antiguos así como de los recientes. La tierra del entorno se reordena en plazas, en la arquitectura del Museo, que a su vez se convierte en una pieza componente de la textura de la ciudad.

Los edificios se dirigen hacia el Santuario gracias a su orientación en sentido noroeste-sureste. En el transcurso de la visita, al salir de un espacio privado, se accede a uno liminal, desde donde uno puede encontrarse con el Santuario visualmente. Separados por espacios de luz, los bloques se comunican a través de puentes y circulaciones que conectan las exhibiciones del museo. Estos entrelazamientos entre los adobes representan los puntos de encuentro e intercambio que generan un diálogo entre las diversas identidades.

El acceso al museo se da en la plaza de bienvenida, donde los visitantes desembarcan, ya sea llegando por medios públicos o privados. Este espacio público está compuesto por rampas y una gran plaza, la única materializada en concreto, pues cubre los estacionamientos. Desde el estacionamiento, semienterrado, se accede a las plazas, verticalmente a la plaza de bienvenida y horizontalmente a la sucesión de plazas interiores, con las que se conecta visualmente desde sus tres niveles.

A través de una gran rampa que parte desde la plaza de bienvenida, se accede al vestíbulo del edificio (Espacio de Acogida), donde se encuentran los puntos de información y venta de entradas. A partir de allí, el visitante se puede dirigir a las exposiciones, biblioteca, teatro, talleres, cafetería o a las zonas administrativas.

El Espacio de Acogida se encuentra en el adobe de vidrio, el único adobe transparente, que contiene un espacio único, de espacialidad múltiple, que es el corazón del proyecto, y desde donde se orienta al visitante. Desde este “adobe de vidrio”, se percibe el Santuario con las islas y el océano como fondo, generando  una relación visual directa donde la geometría del espacio intenta enmarcar la relación con el pasado invitando a un “dialogo sin tiempo”.

Las exposiciones ocupan los edificios en forma de circuitos cíclicos, horizontales, verticales, lineales, ó una combinación  de ellos, haciendo desembocar al visitante en el vestíbulo. A éste se llega desde diferentes alturas, a través de puentes y extensiones que salen de las exposiciones y otros espacios que vienen desde los adobes contiguos, algunos a manera de espacios de descanso y contemplación siempre previos o adyacentes a las exposiciones.

Desde el vestíbulo se llega a una sucesión de plazas públicas donde se dan actividades sociales al aire libre: el anfiteatro, la cafetería, y las terrazas. A diferencia de la plaza de bienvenida estas son extensiones de la tierra: esculpidas en tapial, conectan la tierra del entorno natural con el proyecto arquitectónico que lo ordena. Desde esta sucesión de plazas se llega a un mirador, desde donde se puede observar el conjunto integrado por el Santuario de Pachacámac, el Museo de la Nación, el mar, el valle y las montañas, haciendo al visitante sentirse parte del paisaje.

La vegetación que acompaña estas plazas está diseñada como una geometría que ordena los recorridos marcando a través de fuentes y espejos de agua, los hitos de las plazas. El mobiliario fijo es acompañado de árboles que generan sombras para espacios de descanso y contemplación.

La textura de los materiales, del concreto de los edificios, el tapial de las plazas, contrasta con las zonas verdes, como el desierto contrasta con el valle.

 
















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